Pensaba dar por finalizado el año sin más reflexión que la anterior, pero parece ser que a medida que las últimas horas del año vienen a mi mente todos esos momentos que marcaron algo en este año. Me gustaría pensar que todas ellas han sido buenas, pero esta vez la balanza se ha declinado para el lado que no debiera.
El año empezó con dolor, tristeza y despedida. La mascota del hogar había abandonado su cuerpo para volar libre al fin, sólo puedo pensar que allá donde estés encuentres la felicidad que aquí no te dejamos encontrar. Vuela alto, vuela libre...
A partir de ahí para mi no ha habido más que finales que dan comienzo a una incertidumbre, a un miedo irracional que me invade todas las noches. Es el fin de una era en mi vida, personas que dan por finalizada una etapa de su vida a la que ya no podrán regresar. Una nueva vida ha comenzado en mi familia y aunque ello supone una alegría, una parte de mi sabe que es también el final de algo que no volverá.
El mundo avanza y yo sigo aquí, sin vislumbrar una salida, sin percibir un atisbo de luz. Ha sido un año en el que no he sido capaz de devolver nada de lo que se me ha dado, he visto sufrir a personas que me importan sin poder ser capaz de hacer nada por ellas, he tenido que sufrir viéndoles sufrir.
Lo que podría haber sido lo mejor de mi año, el cumplimiento de un sueño, quedó impregnando por el dolor y la traición, que terminó desencadenando el abrir los ojos a una verdad que esperaba no existiera. Sumado al dolor de la soledad que cada día se hace más patente en mi vida.
Tuve que decir adiós definitivamente a la persona con la que más había compartido en todo este tiempo, después de poder perdonarme al fin todo el daño que hice, después de superar que todo acabó para bien tuve que decir adiós de forma abrupta.
Así que para mi el 2015 no ha sido un año de buenos recuerdos, los pocos que hay los acumularé, pero no será un año al que vuelva para rememorar buenos recuerdos, sino un año que deseo sumar en el olvido junto a todo aquello que lo hizo así.
jueves, 31 de diciembre de 2015
martes, 22 de diciembre de 2015
Cuanto es capaz de durar
Otro año termina dando paso al siguiente. Queramos o no, es imposible no hacer un balance de este año, pensar si hubo algo que hará de este año inolvidable o si se convertirá en un año con un compendio de hechos y experiencias poco relevantes.
Mas para mi ha sido un año complicado a muchos niveles. Son pocos los recuerdos que no estén manchados por el dolor. Pocos recuerdos hay que quiera recordar sin remordimiento o sin malestar. Pues aunque no quiera es lo ha sido.
Tuve oportunidad de cumplir uno de mis sueños este año, incluso ello quedo impregnado por el dolor de los puñales. Puñales que han quebrado una parte de lo que yo era y que ha manchado esos recuerdos con rabia y tristeza.
Intento apilar los recuerdos, pero el montoncito de los malos recuerdos, tristes experiencias y rabia sufrida se ha derrumbado sobre el modesto montoncito de las positivas haciéndome imposible vislumbrar los momentos felices.
Mucha gente se fue, no sin antes hacer daño, otros han empezado sutilmente a desaparecer lanzando pequeñas piedras a lo que antes era aprecio. Muchas otras cosas se mantienen igual y ello aunque bueno por seguir me entristece que no evolucione. Siento que todo por lo que he luchado este año no ha servido casi de nada.
Pocas personas han entrado en mi vida este año y aunque querría pensar que merecen la pena (que lo merecen) a veces no consigo verlo de ese modo, quizá porque el pesimismo, el miedo y la inseguridad se han aliado para no permitirme ver lo que esas personas me ofrecen, pero supongo que tiempo al tiempo lo veré.
Por no variar la confianza se resquebraja por momentos, la poca que gano cae como una piedra sobre las grietas, haciéndolas más y más grandes hasta el punto de que a veces rozo el derrumbamiento en base a una explosión.
No sé que me depara el futuro en 2016, pero me cuesta pensar de forma optimista viendo que 2015 esperaba empezarlo con más animo y fue bastante duro.
No importa que pila de experiencias sea más alto sino cuanto es capaz de durar en pie antes de caer sobre el otro.
Mas para mi ha sido un año complicado a muchos niveles. Son pocos los recuerdos que no estén manchados por el dolor. Pocos recuerdos hay que quiera recordar sin remordimiento o sin malestar. Pues aunque no quiera es lo ha sido.
Tuve oportunidad de cumplir uno de mis sueños este año, incluso ello quedo impregnado por el dolor de los puñales. Puñales que han quebrado una parte de lo que yo era y que ha manchado esos recuerdos con rabia y tristeza.
Intento apilar los recuerdos, pero el montoncito de los malos recuerdos, tristes experiencias y rabia sufrida se ha derrumbado sobre el modesto montoncito de las positivas haciéndome imposible vislumbrar los momentos felices.
Mucha gente se fue, no sin antes hacer daño, otros han empezado sutilmente a desaparecer lanzando pequeñas piedras a lo que antes era aprecio. Muchas otras cosas se mantienen igual y ello aunque bueno por seguir me entristece que no evolucione. Siento que todo por lo que he luchado este año no ha servido casi de nada.
Pocas personas han entrado en mi vida este año y aunque querría pensar que merecen la pena (que lo merecen) a veces no consigo verlo de ese modo, quizá porque el pesimismo, el miedo y la inseguridad se han aliado para no permitirme ver lo que esas personas me ofrecen, pero supongo que tiempo al tiempo lo veré.
Por no variar la confianza se resquebraja por momentos, la poca que gano cae como una piedra sobre las grietas, haciéndolas más y más grandes hasta el punto de que a veces rozo el derrumbamiento en base a una explosión.
No sé que me depara el futuro en 2016, pero me cuesta pensar de forma optimista viendo que 2015 esperaba empezarlo con más animo y fue bastante duro.
No importa que pila de experiencias sea más alto sino cuanto es capaz de durar en pie antes de caer sobre el otro.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)