miércoles, 1 de noviembre de 2017

Me niego a reconocerlo

Ya hace más de un año que nos conocemos. Aunque al inicio nuestros amigos tenían unas expectativas sobre nosotros lo intentamos porque quisimos. Al final la presión social te pudo y decidiste dejarlo antes de iniciar nada por evitarnos el daño, aunque no fue fácil de asimilar respeté tu decisión de ser sólo amigos. Más la cosa no fue tan sencilla porque la cosa no era como antes, donde antes había cariño, compenetración y complicidad en ese momento había indiferencia con una pizca de desprecio. Dolía, pero forzar a sacar ese tema no era buena idea e intenté simplemente adaptarme, lo que llevó a una temporada donde parecía que solo había odio por ambas partes.
El tiempo pasó casi sin vernos, mucho menos hablarnos. Pero la siguiente vez que nos vimos parecía que algo había cambiado, era algo sutil y no le di importancia. Pero cuando coincidimos en un viaje esa sutileza dejo de ser sutil y era obvio, el odio y la indiferencia habían desaparecido, dando lugar a una relación con más confianza. No me dejé llevar y simplemente me adapté, aunque era obvio que estaba feliz con ese cambio. El tiempo ha pasado y esa relación ha seguido creciendo en confianza, habiendo regresado el cariño (a su manera) la complicidad y la compenetración.
Ahora la situación es incluso mejor que cuando empezó, verte es una de las mayores alegrías que baña con algo de luz la oscuridad de estos días. Más aunque no quiera admitirlo por dentro hay un sentimiento que en su día no llegó a florecer y ahora desea hacerlo. Pero temo que no puedo ser yo quien lo haga esta vez, el dolor de la última vez hace que no pueda arriesgarme y, puesto que fue la presión y el miedo los que te hicieron retroceder, necesito una prueba por tu parte como símbolo de que no temes y deseas seguir adelante.

Hasta que ello ocurra, si es que debe ocurrir, anhelaré el seguir pasando tiempo a tu lado aunque ello signifique que una parte de mí se consuma en ello.