Un día puedes estar sintiéndote como lo más inútil del mundo y a lo que te des cuenta puedes volver a estar arriba, aunque sea para volver a caer al fondo.
Lo que empezó como algo sin más hoy no abandona mi cabeza, no puedo dejar de pensar en como algo tan maravilloso haya podido terminar haciéndome tanto daño. Es algo que no tiene nombre, ni nunca lo tendrá, pues no soy de poner etiquetas.
A todo el mundo le gusta conspirar, tramar o maquinar. Con la mejor de sus intenciones quizá, no lo niego. Pues yo me lo tomaba a risa y me centraba en lo que quería, pasar el rato de forma agradable a tu lado, mas parecía ser recíproco pues no dudé.
Un pequeño empujón me hizo falta para preguntar y tu dijiste si. Miré tus ojos y vi sinceridad, ni miedo ni compasión, quizá algo de ilusión. Tus palabras sonaron nerviosas, igual que las mías pero ambos queríamos pues así fue. Un día más tarde empezó la semana y con ello nuestra andanza.
Conversaciones sin sentido, risas por doquier, filosofías varias y ganas de hablar. Eso era lo que transmitían nuestras palabras, aunque fuera a través de una pantalla. No tardamos en hablar en persona de nuevo y de ello guardo buen recuerdo. Lo mismo que en pantalla pero cara a cara. No podía pedir más, el tiempo pasaba pero no me importaba, ya fuera hablando, caminando o riendo el tiempo y mi alrededor no me importaba.
Pasaron los días y en la misma línea seguíamos, todo estaba bien, yo no buscaba más, ojalá todo siga así pensaba yo. Mas nuestro entorno pensaba diferente y querían que coronásemos el asunto. Más no sentíamos necesidad, a nuestro aire estábamos bien y de cuyos esfuerzos nos burlábamos.
Terminaba la semana y no podía ser mejor, me sentía a gusto y se te notaba que tu también, para mi eso era lo mejor, no quería más
¿Quién necesita poner etiquetas? ¿Por qué debía ponerse nombre a algo así?
Más poco duró y todo acabó. Fue mi culpa por no haber sido claro desde el principio. Debimos haber conversado con calma y haber decidido que queríamos. Pues al fin y al cabo era lo mismo, mis acciones malinterpretadas fueron y no he podido aún disculparme por ello.
Cada día que pasa no dejo de pensar en lo que fue y en lo que desearía que siguiera siendo. Pues nunca nos dijimos que era lo que queríamos. Echamos por la borda algo que ambos disfrutabamos ¿Y por qué? Porque otros quisieron que lo etiquetáramos.
Me vengo abajo de pensarlo, de pensar que no he tenido oportunidad de disculparme por lo que hice, por no haber sido sincero.
Me llaman idiota por pensar en que puedo arreglarlo, te miré a los ojos y sólo noté miedo, miedo a volver a equivocarnos, miedo a hacerme daño. Pues no hay ningún daño que hacerme, ya que aún hoy sé que sentimos igual.
Buscaré la oportunidad antes de que más tiempo pase. Por ti y por mi. No me importa lo que el resto del mundo diga o piense. Sólo me importa lo que tu y yo sentimos.
Solo me importa él nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario