Cada vez tengo más claro que esta sociedad y esta vida se rige por los intereses personales. No importa lo que hagas, por quién luches o cuan buenas sean tus intenciones, aquel que te pisotee y ridiculice será aquel que gane todo al final.
No hace mucho llegué a la conclusión que ser buena persona no merecía la pena, al menos no con todo el mundo. Hoy me he dado cuenta de que en realidad es una estupidez y que no vale de nada. Al final quien actúa por sus propios intereses es el que sale ganando, aquel que hace todo con su mejor intención y trata de ser justo es aquel que recibirá en sus carnes todo el peso de la injusticia y el dolor.
¿Realmente merece la pena? Cada día siento que no, que ya me he cansado de intentar ser justo, considerado y preocupado con el resto. Al final quien se lleva los golpes voy a terminar siendo yo, al final a quien no se le toma en serio es a mi, quien termina sin respetarse ni a sí mismo.
¿Cuál es la conclusión? Que si al fin y al cabo voy a salir perjudicado qué más dará si doy algo de guerra. Qué más dará ya no aparentar ser el bueno si después la situación se torcerá para quedar como el malo de la película y encima recibir el mismo golpe. Al final eso de que el bueno gana no es más que algo que solo ocurre en las películas.
Lo que pensaba que sería una medida preventiva por mi propia estabilidad ha terminado desencadenando esto y, sinceramente, ya estoy más que harto. Si a mi no me beneficia raro va a ser que quiera beneficiar a otra persona. Que se busquen la vida y si no les gusta ahí está la puerta, más fácil no lo voy a poner. A quien quiera quedarse ya sabe lo que hay y quien avisa no es traidor.
¿Qué por qué me desahogo por estos lares? Pues porque si yo me tengo que tragar la empalagosa felicidad de los demás yo también estoy en mi derecho de soltar lo que quiera.
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