El momento ha llegado, no es el primero, ni temo será el último. Sabes que ese día existe, pero no quieres que llegue. Aún sabiendo que es temporal, haces de ello un lagrimal.
Entra el verano, esa época por tantos deseada. Época de descanso y disfrute, de trabajo y estudio para otros. Pero de despedidas a su vez.
He visto el verano siempre tan empapado de despedidas que se me hace difícil esperarlo con alegría. No puedo esbozar una sonrisa cuando las personas que me importan se alejan. Sé que no es un para siempre, sé que voy a seguir sabiendo de ellas pero... no es lo mismo.
Quizás sea por el miedo a que ese 'Hasta la vista' no encuentre su 'Bienvenido'. Quizás sea culpa mía, quizás sea el único que lo ve así. Quizás sea porque siento que nadie me va a echar de menos, pienso que a nadie le pena tener que decirme 'Hasta después de verano'
Sólo se que cuando llega no puedo sonreír, me cuesta pensar en positivo. El verano siempre ha estado cargado de emociones, más negativas que positivas. No como aquel verano, la única excepción que he tenido. Tuvo sus cosas negativas, despedidas y tristezas. Pero hubo tantas cosas por las que reir y tantas experiencias con las que crecí, que todo ello no importa.
¿Por qué no puede haber otro igual? ¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué no puedo impregnar un verano de cosas buenas?
¿Por qué ocurren estas cosas en verano? Quizás sea para fingir con más facilidad el hecho de que nos duele lo que ello acarrea. Pues con este calor, las lagrimas se evaporan antes de tocar el suelo.
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