Ya han pasado 5 meses desde aquel fallido intento de encaminar mi vida. Emocionado tomé la decisión, aunque a cada día que se acercaba tenía más y más miedo.
El momento se fue acercando, las despedidas no fueron precisamente sencillas ni fáciles de digerir. Cuando pensaba en el tiempo que pasaría hasta que volviera a ver a todas esas personas, poder volver a tenerlas cerca... se me hacía un nudo en el corazón.
Intentaba por todos los medios no permitir que las lágrimas no cayeran, me penaba mucho el no poder volver a disfrutar de la compañía de muchas personas en tiempo, pero también era consciente de que era mi camino, que tenía que seguir adelante y tomar la oportunidad que se me había puesto delante.
Los días pasaban y cada vez me pinchaba más, a medida que los abrazos de despedida se acumulaban más tristeza sentía, más empezaba a añorar, incluso antes de irme. Mas hubo un momento más duro que ninguno.
No quería que llegara ese momento, no estaba listo para ello, pero al final llegó. Tuve que decirte adiós, aunque las palabras exactas fueron "hasta pronto"... ¿Cuantas veces dijimos aquellas palabras? ¿Cuantas veces repetimos aquellas palabras de despedida? ¿Cuantas veces intentamos separarnos sin éxito? ¿Cuanto me duro ese pinchazo en el corazón?
2 días después llegó el día, era el momento. Un largo viaje y una última despedida, no fue fácil. Me pasé todo el trayecto sin dejar de pensar en todo lo que dejaba atrás a la vez que pensaba en todo lo que iba a aprender, en las experiencias que allí me esperaban. La música me ayudó a relajarme y al final llegué, aunque no imaginaba lo que allí me esperaba.
Agotado después de tan largo viaje, de tantas cosas en las que pensar solo faltaba pasar la última barrera, una mera formalidad burocrática... algo ocurrió, pues no parecían aclararse con lo que pasaba. Desconocían el motivo pero mi documentación no era correcta, no podían hacer nada por el momento, aún con todo me dejaron pasar a la espera de poder solucionarlo todo allí.
No acababa de llegar y estaba con el corazón en un puño y los nervios al límite ¿Qué iba a ser de mi? ¿Se iba a quedar todo en un susto y ya está? ¿Iba todo a terminar antes de empezar?
La ansiedad y el miedo no se apaciguaron, varios imprevistos dificultaron mi llegada, pero una vez conseguí instalarme no pude hacer otra cosa que derrumbarme. Estaba sólo, desencaminado y sin saber qué ocurría. Estaba en aquel lugar que deseaba estar, pero nada estaba saliendo como mínimamente estaba previsto, ni siquiera había garantía de futuro.
Perdí el apetito, los ánimos y la autoestima, intenté pasar los días de la mejor manera posible y nuevamente tuve que regresar. La aventura no solo no había ni empezado, sino que nunca estuvo destinada a ocurrir.
El regreso fue muy duro, no sólo por el tiempo y el dinero invertidos en vano, tenía mucho miedo. Después de todo el tiempo dedicado a despedirme y a mentalizarme de que no volvería en mucho tiempo todo acabó antes de darme cuenta, mi ausencia pasó totalmente desapercibida, pero lo que más temía era tener salir a la calle.
No quería encontrarme con nadie, no quería dar la cara, tenía miedo de dar unas explicaciones que decepcionarían a todos. Me encontraba hundido, incapaz de afrontar lo que se me avecinaba, por mucho que me alegrara de volver a ver a mucha gente no me sentía contento, me sentía decepcionado conmigo mismo, sentía que había decepcionado a todo el mundo. No me sentía capaz de mirar a nadie a la cara.
No se quedó solo en eso, tuve que encontrarme con la desfachatez de algunas personas alegrándose de mi fracaso, aunque esas personas jamás admitirán dicha alegría. Pero a estas alturas ya no quiero volver a pensar mucho en ello.
Entramos en el último cuarto del año y no tengo más que decepciones, fracasos y pérdidas. Me cuesta seguir adelante, pero no se me permite cabizbajear. Me cuesta mirar hacia delante pero no me queda otra, me cuesta alegrarme por nada, ya que no siento que las alegrías me vayan a durar demasiado.
Seguiremos fingiendo una sonrisa que posiblemente nunca volverá
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