Es bastante complicado explicar como se siente uno cuando después de tantos días bajo tierra cree empezar a ver la luz.
Tantos días perdido y sin rumbo,
rozando las entrañas de la oscuridad.
¿Y qué más dará si me rindo?
No llegó a importarme mucho la verdad.
Toqué fondo una y otra vez, de tanto golpe el suelo cedió y caí a un lugar más profundo, mayor oscuridad.
Qué es bueno y qué es malo,
qué es correcto y qué no,
que más me daba saberlo,
no sabía ni por que camino.
Mucha gente presume de amar la oscuridad, de ser uno con ella y tener pensamientos oscuros. Pero me pregunto cuanto saben de esa misma oscuridad. Yo personalmente nunca he querido saberlo, solo tocar la superficie me agota, me drena la poca energía que me queda, la poca esperanza y la escasa motivación de que dispusiera.
La oscuridad no es algo con lo que se debiera bromear, nada bueno sale de ahí, desconozco como son los adentros de ese tenebroso lugar pero espero no tener que conocerlos, pues ese será el día que mi final se aproxime.
Intenté ser fuerte,
intenté subir,
intenté no tentar a la suerte,
intenté no volver a sufrir.
Más en vano podía ser,
pues no parecía mucho variar,
aunque el miedo no quiso desaparecer,
quizás la luz ya no me quisiera alumbrar.
Desconozco si fue el destino quien así lo quiso o si fue una casualidad, pero ese fortuito día que pensaba que me sumía más aún en la oscuridad terminó siendo lo que abrió una puerta. Una puerta que me sacaría de la oscuridad.
Fue tanto tiempo el que pasé escapando de la oscuridad que ya olvidé como era la luz, tanto tiempo rodeado de ese negro alrededor que cuando abrí la puerta la luz no me dejó ver. Eso me ha provocado miedo, angustia. He tropezado y he dado la vuelta, al ver la oscuridad he querido volver pero la luz me quema y retrocedo.
Vivo en una especie de limbo,
entre luz y oscuridad,
incapaz de decidir un rumbo,
miedo a descubrir la verdad.
Quiero creer en esa luz que hay ante mi,
creer que puedo volver a la luz,
sentir que algo bueno me espera,
evitar volver atrás.
Quiero pensar que esa luz ante mi es verdadera,
que ha venido para quedarse, para guiarme.
No quiero volver a tenerle miedo a la luz
lunes, 17 de octubre de 2016
lunes, 19 de septiembre de 2016
Este soy yo
Por muchos años que pasen nunca terminaremos de conocer a las personas, ni siquiera a aquella con la que más tiempo pasamos a lo largo de nuestra existencia: Nosotros mismos.
¿Qué tipo de personas somos? ¿Qué nos gusta? ¿Qué nos disgusta? ¿Qué nos hace felices? ¿Qué nos pone tristes? ¿Qué nos enerva?
Debido a que somos personas en constante cambio y evolución no es de extrañar que a la larga no sepamos ni responder a esas preguntas.
En mi caso creo que una de las cosas que más me preocupa es sin duda mi inestabilidad, la falta de estabilidad emocional que tan pronto me tiene de buen humor como de repente estoy hecho una furia o me fácilmente me echo a llorar.
No suelo tener ese tipo de cambios de forma exagerada ni habitual, pero si que es cierto que aunque no se me note por fuera hay muchas cosas que me pueden entristecer, no importa lo banal que parezca. Aunque por lo general lo que más me entristece es el sufrimiento ajeno, soy incapaz de alegrarme con el sufrimiento de otra persona, por muy mal que me haya tratado, siempre habrá una parte de mi que se sentirá triste por esa persona. Aunque en antaño solía ser violento, llegué a un punto en el que tan pronto como le ponía la mano encima a otra persona me entraba un sentimiento de remordimiento y tristeza, razón por la cual soy incapaz de recurrir a la violencia.
Ya no es solo el sufrimiento de las personas, ya sean animales o incluso objetos no puedo soportar el hecho de que algo sufra o sea maltratado, siento que hasta los objetos poseen un alma, o al menos quien los fabricó lo tenían, nacidos/creados con una utilidad, es triste pensar que no puedan seguir cumpliendo su cometido, así como una persona mayor se puede sentir inútil por no poder hacer lo que siempre podía, o una persona/animal que debido a un accidente es incapaz de llevar una vida normal.
Esos sentimientos de tristeza e inutilidad siempre me hacen sentir muy triste, aunque no tengan ni la más mínima relación conmigo. En un mundo ficticio supongo que no me afecta de la misma manera, pero a veces lo paso mal también, incluso si ese personaje es la maldad reencarnada, si siento que sufre una parte de mi lo está perdonando.
De la misma manera que siento tristeza puedo sentir la mayor de las iras ante las injusticias o las personas que provocan ese sufrimiento. Aunque no pueda usar la violencia contra ellos no significa que no sea capaz de sentir ira contra ellos, digo ira ya que soy incapaz de odiar a nadie, por mucho daño que alguien provoque nunca he sido capaz de odiar, en mi caso más que odiar puedo llegar a sentir indiferencia hacía esas personas, una indiferencia que provoca que lo que les ocurra me sea totalmente indiferente. Para alguien capaz de sentir el sufrimiento humano, sentir indiferencia es similar a que esa persona no exista para nosotros, pues lo que les pase no nos provocará ningún sentimiento en absoluto.
La alegría es uno de los sentimientos que menos me dura, no porque me amargue con todo, no porque sea muy exigente. Quizá la única razón es que me cuesta estar contento o feliz si siento que las personas de mi alrededor no se sienten igual, me hace sentir culpable por expresar mi felicidad cuando otras personas no lo son o no se sienten bien. Quizá sea por ello que guardo mis sentimientos para adentro, de forma que si estoy contento no moleste a otras personas que no lo estén, asimismo si estoy mal no interrumpo la felicidad de otras personas.
Quizá sea una forma egoísta de pensar, pero eso es lo que mejor conozco de mi, quizás las cosas que me enfurezcan o entristezcan cambien o aumenten, pero la forma de expresarme no lo hace de la misma forma.
Al fin y al cabo, este soy yo.
domingo, 11 de septiembre de 2016
No quiero más veranos...
Quien me conozca ya sabe cuanto detesto esta época del año. No por el calor o los bichos, sino por todo lo que me acaba suponiendo mentalmente. Aunque es algo que se traslada a casi toda mi vida. Todos los veranos me trastocan mentalmente, la falta de rutina, la distancia con la gente que aprecio. Son demasiadas cosas de golpe y aglutinadas en nada menos que 2 meses.
Siempre recuerdo un verano con mucho cariño, posiblemente el mejor verano que haya pasado en todos los aspectos, hubo alguna cosa mala, pero aún con eso le tengo especial cariño.
2009, carrera a punto de terminar, sin asignaturas que estudiar, solo unas prácticas de 3 meses por hacer (remuneradas encima) mucho que hacer cada día, un trabajo motivador y satisfactorio, gente con la que entablar relación y salir de marcha de vez en cuando. Una perspectiva de futuro que esperaba fuera buena (no lo fue)
Me sentía útil y a gusto conmigo mismo y sentía que cada día merecía la pena, pero eso es el pasado. Eso no se puede repetir otra vez, hay que seguir adelante. Los años siguientes esperaba que fueran mejor pero no lo fueron del todo. Un trabajo que me explotaba y en el que sufrí mobing, una novia que me hizo perder toda libertad en el verano, sin poder disfrutar de nada que no fuera su compañía, la cual se pasaba estudiando la mitad del tiempo y por inercia yo al lado, otros años ni siquiera trabajo, ni siquiera gente con la que estar... Eso termina resumiendo los últimos veranos.
Este ha sido incluso peor, súmale a la soledad y la falta de rutina un devastador golpe emocional al inicio de julio. Depresión, desánimo, falta de apetito. Conseguí animarme en un par de viajes y de vez en cuando realizaba alguna actividad en el exterior, pero la monotonía y la falta de motivación invadían todos y cada uno de los días.
Han pasado muchas cosas y aunque poco a poco estoy tratando de volver a la rutina hay muchas cosas que debo pensar y hacer, muchos cambios que afrontar y mucha decisiones a tomar.
Debo seguir avanzando, debo seguir creyendo en las cosas que siento y creo, debo evitar que me pisoteen y manipulen. Debo encontrar la forma de seguir avanzando y dejar atrás esta pesadilla que me persigue día y noche. Algo que me haga salir de esto a lo que yo asocio con el verano.
No quiero más veranos en mi vida...
Siempre recuerdo un verano con mucho cariño, posiblemente el mejor verano que haya pasado en todos los aspectos, hubo alguna cosa mala, pero aún con eso le tengo especial cariño.
2009, carrera a punto de terminar, sin asignaturas que estudiar, solo unas prácticas de 3 meses por hacer (remuneradas encima) mucho que hacer cada día, un trabajo motivador y satisfactorio, gente con la que entablar relación y salir de marcha de vez en cuando. Una perspectiva de futuro que esperaba fuera buena (no lo fue)
Me sentía útil y a gusto conmigo mismo y sentía que cada día merecía la pena, pero eso es el pasado. Eso no se puede repetir otra vez, hay que seguir adelante. Los años siguientes esperaba que fueran mejor pero no lo fueron del todo. Un trabajo que me explotaba y en el que sufrí mobing, una novia que me hizo perder toda libertad en el verano, sin poder disfrutar de nada que no fuera su compañía, la cual se pasaba estudiando la mitad del tiempo y por inercia yo al lado, otros años ni siquiera trabajo, ni siquiera gente con la que estar... Eso termina resumiendo los últimos veranos.
Este ha sido incluso peor, súmale a la soledad y la falta de rutina un devastador golpe emocional al inicio de julio. Depresión, desánimo, falta de apetito. Conseguí animarme en un par de viajes y de vez en cuando realizaba alguna actividad en el exterior, pero la monotonía y la falta de motivación invadían todos y cada uno de los días.
Han pasado muchas cosas y aunque poco a poco estoy tratando de volver a la rutina hay muchas cosas que debo pensar y hacer, muchos cambios que afrontar y mucha decisiones a tomar.
Debo seguir avanzando, debo seguir creyendo en las cosas que siento y creo, debo evitar que me pisoteen y manipulen. Debo encontrar la forma de seguir avanzando y dejar atrás esta pesadilla que me persigue día y noche. Algo que me haga salir de esto a lo que yo asocio con el verano.
No quiero más veranos en mi vida...
miércoles, 20 de julio de 2016
Él nosotros
Un día puedes estar sintiéndote como lo más inútil del mundo y a lo que te des cuenta puedes volver a estar arriba, aunque sea para volver a caer al fondo.
Lo que empezó como algo sin más hoy no abandona mi cabeza, no puedo dejar de pensar en como algo tan maravilloso haya podido terminar haciéndome tanto daño. Es algo que no tiene nombre, ni nunca lo tendrá, pues no soy de poner etiquetas.
A todo el mundo le gusta conspirar, tramar o maquinar. Con la mejor de sus intenciones quizá, no lo niego. Pues yo me lo tomaba a risa y me centraba en lo que quería, pasar el rato de forma agradable a tu lado, mas parecía ser recíproco pues no dudé.
Un pequeño empujón me hizo falta para preguntar y tu dijiste si. Miré tus ojos y vi sinceridad, ni miedo ni compasión, quizá algo de ilusión. Tus palabras sonaron nerviosas, igual que las mías pero ambos queríamos pues así fue. Un día más tarde empezó la semana y con ello nuestra andanza.
Conversaciones sin sentido, risas por doquier, filosofías varias y ganas de hablar. Eso era lo que transmitían nuestras palabras, aunque fuera a través de una pantalla. No tardamos en hablar en persona de nuevo y de ello guardo buen recuerdo. Lo mismo que en pantalla pero cara a cara. No podía pedir más, el tiempo pasaba pero no me importaba, ya fuera hablando, caminando o riendo el tiempo y mi alrededor no me importaba.
Pasaron los días y en la misma línea seguíamos, todo estaba bien, yo no buscaba más, ojalá todo siga así pensaba yo. Mas nuestro entorno pensaba diferente y querían que coronásemos el asunto. Más no sentíamos necesidad, a nuestro aire estábamos bien y de cuyos esfuerzos nos burlábamos.
Terminaba la semana y no podía ser mejor, me sentía a gusto y se te notaba que tu también, para mi eso era lo mejor, no quería más
¿Quién necesita poner etiquetas? ¿Por qué debía ponerse nombre a algo así?
Más poco duró y todo acabó. Fue mi culpa por no haber sido claro desde el principio. Debimos haber conversado con calma y haber decidido que queríamos. Pues al fin y al cabo era lo mismo, mis acciones malinterpretadas fueron y no he podido aún disculparme por ello.
Cada día que pasa no dejo de pensar en lo que fue y en lo que desearía que siguiera siendo. Pues nunca nos dijimos que era lo que queríamos. Echamos por la borda algo que ambos disfrutabamos ¿Y por qué? Porque otros quisieron que lo etiquetáramos.
Me vengo abajo de pensarlo, de pensar que no he tenido oportunidad de disculparme por lo que hice, por no haber sido sincero.
Me llaman idiota por pensar en que puedo arreglarlo, te miré a los ojos y sólo noté miedo, miedo a volver a equivocarnos, miedo a hacerme daño. Pues no hay ningún daño que hacerme, ya que aún hoy sé que sentimos igual.
Buscaré la oportunidad antes de que más tiempo pase. Por ti y por mi. No me importa lo que el resto del mundo diga o piense. Sólo me importa lo que tu y yo sentimos.
Solo me importa él nosotros.
Lo que empezó como algo sin más hoy no abandona mi cabeza, no puedo dejar de pensar en como algo tan maravilloso haya podido terminar haciéndome tanto daño. Es algo que no tiene nombre, ni nunca lo tendrá, pues no soy de poner etiquetas.
A todo el mundo le gusta conspirar, tramar o maquinar. Con la mejor de sus intenciones quizá, no lo niego. Pues yo me lo tomaba a risa y me centraba en lo que quería, pasar el rato de forma agradable a tu lado, mas parecía ser recíproco pues no dudé.
Un pequeño empujón me hizo falta para preguntar y tu dijiste si. Miré tus ojos y vi sinceridad, ni miedo ni compasión, quizá algo de ilusión. Tus palabras sonaron nerviosas, igual que las mías pero ambos queríamos pues así fue. Un día más tarde empezó la semana y con ello nuestra andanza.
Conversaciones sin sentido, risas por doquier, filosofías varias y ganas de hablar. Eso era lo que transmitían nuestras palabras, aunque fuera a través de una pantalla. No tardamos en hablar en persona de nuevo y de ello guardo buen recuerdo. Lo mismo que en pantalla pero cara a cara. No podía pedir más, el tiempo pasaba pero no me importaba, ya fuera hablando, caminando o riendo el tiempo y mi alrededor no me importaba.
Pasaron los días y en la misma línea seguíamos, todo estaba bien, yo no buscaba más, ojalá todo siga así pensaba yo. Mas nuestro entorno pensaba diferente y querían que coronásemos el asunto. Más no sentíamos necesidad, a nuestro aire estábamos bien y de cuyos esfuerzos nos burlábamos.
Terminaba la semana y no podía ser mejor, me sentía a gusto y se te notaba que tu también, para mi eso era lo mejor, no quería más
¿Quién necesita poner etiquetas? ¿Por qué debía ponerse nombre a algo así?
Más poco duró y todo acabó. Fue mi culpa por no haber sido claro desde el principio. Debimos haber conversado con calma y haber decidido que queríamos. Pues al fin y al cabo era lo mismo, mis acciones malinterpretadas fueron y no he podido aún disculparme por ello.
Cada día que pasa no dejo de pensar en lo que fue y en lo que desearía que siguiera siendo. Pues nunca nos dijimos que era lo que queríamos. Echamos por la borda algo que ambos disfrutabamos ¿Y por qué? Porque otros quisieron que lo etiquetáramos.
Me vengo abajo de pensarlo, de pensar que no he tenido oportunidad de disculparme por lo que hice, por no haber sido sincero.
Me llaman idiota por pensar en que puedo arreglarlo, te miré a los ojos y sólo noté miedo, miedo a volver a equivocarnos, miedo a hacerme daño. Pues no hay ningún daño que hacerme, ya que aún hoy sé que sentimos igual.
Buscaré la oportunidad antes de que más tiempo pase. Por ti y por mi. No me importa lo que el resto del mundo diga o piense. Sólo me importa lo que tu y yo sentimos.
Solo me importa él nosotros.
martes, 19 de julio de 2016
Querer
Querer confiar es algo más deseado que conseguido. Cuanto más siento que quiero confiar más motivos aparecen para no hacerlo. Sin importar quien, cual o cuando sea la situación.
A veces nos tachan de idiotas por confiar en alguien cuando quizás no haya motivos para hacerlo, quizás esos motivos no sean aparentes para todos, pero no todos vemos igual. Quizás unos vean en una sonrisa lo que otros no ven sin palabras.
Yo no quiero creer a ciegas, sin motivos o por conveniencia. Quiero creer en sus palabras, en sus miradas, en ella.
Lo que pasó pasado va a estar, puede que sea una lucha en vano, que acabe sufriendo incluso más.
Pero a mi manera lucharé por lo que creo, aunque en el fondo sepa que va a ser en vano.
Querer confiar es querer luchar.
A veces nos tachan de idiotas por confiar en alguien cuando quizás no haya motivos para hacerlo, quizás esos motivos no sean aparentes para todos, pero no todos vemos igual. Quizás unos vean en una sonrisa lo que otros no ven sin palabras.
Yo no quiero creer a ciegas, sin motivos o por conveniencia. Quiero creer en sus palabras, en sus miradas, en ella.
Lo que pasó pasado va a estar, puede que sea una lucha en vano, que acabe sufriendo incluso más.
Pero a mi manera lucharé por lo que creo, aunque en el fondo sepa que va a ser en vano.
Querer confiar es querer luchar.
lunes, 11 de julio de 2016
Lo de siempre
Da igual cuantos años pasen, cuantas experiencias viva o a cuanta gente conozca. El resultado termina siendo el mismo.
Muchos quieren hacerme pensar que no, pero son los mismos que me terminan queriendo convencer de que es lo mejor ¿Para quién? Posiblemente para ellos mismos porque a mi nunca termina haciéndome ningún bien. Terminar pareciendo el típico amigo que está ahí por estar y que no pueda largarme porque no quieren sentirse culpables
¿A quién engañáis? Yo ya me cansé. Al final me toca sufrir, da igual lo que intente hacer o pensar, serán otros los que se beneficien y yo el espectador que lo contempla.
Da igual que por fin encuentre una mínima ilusión, ya os encargaréis de que me dure poco ¿Para qué? ¿Para terminar dependiendo de vosotros? ¿Para tener que estar siempre a la sombra de vuestra felicidad? ¿Para seguir viviendo engañado?
Yo ya no lo soporto más. Estoy cansado de no poder pensar positívamente, de ser incapaz de ilusionarme con nada. Estoy harto de vivir así.
Cansado de que ocurra lo que ocurra lo importante para vosotros es que todo sea lo de siempre.
Muchos quieren hacerme pensar que no, pero son los mismos que me terminan queriendo convencer de que es lo mejor ¿Para quién? Posiblemente para ellos mismos porque a mi nunca termina haciéndome ningún bien. Terminar pareciendo el típico amigo que está ahí por estar y que no pueda largarme porque no quieren sentirse culpables
¿A quién engañáis? Yo ya me cansé. Al final me toca sufrir, da igual lo que intente hacer o pensar, serán otros los que se beneficien y yo el espectador que lo contempla.
Da igual que por fin encuentre una mínima ilusión, ya os encargaréis de que me dure poco ¿Para qué? ¿Para terminar dependiendo de vosotros? ¿Para tener que estar siempre a la sombra de vuestra felicidad? ¿Para seguir viviendo engañado?
Yo ya no lo soporto más. Estoy cansado de no poder pensar positívamente, de ser incapaz de ilusionarme con nada. Estoy harto de vivir así.
Cansado de que ocurra lo que ocurra lo importante para vosotros es que todo sea lo de siempre.
jueves, 5 de mayo de 2016
Hoy no será ese día
¿Por qué siempre nos complicamos con las cosas más sencillas de la vida y luego cuando necesitamos de todo nuestro ingenio simplificamos?
¿Por qué es necesario dar reporte de todo cuanto hacemos, pensamos o sentimos? ¿Es acaso una inherencia al ser humano dar explicación a cada uno de sus actos? ¿Algún día seremos capaces de hacer cuanto sintamos sin tener que sentir que le debemos una explicación al mundo?
Por lo pronto sé que hoy no será ese día... posiblemente mañana tampoco.
¿Por qué es necesario dar reporte de todo cuanto hacemos, pensamos o sentimos? ¿Es acaso una inherencia al ser humano dar explicación a cada uno de sus actos? ¿Algún día seremos capaces de hacer cuanto sintamos sin tener que sentir que le debemos una explicación al mundo?
Por lo pronto sé que hoy no será ese día... posiblemente mañana tampoco.
miércoles, 20 de enero de 2016
Hasta que es demasiado tarde
Hoy leo por todos lados una triste noticia. No es plato de buen gusto leer que un niño de 11 años ha decidido poner fin a su vida, todo debido a los malos tratos recibidos en el colegio, la mala situación familiar no ha debido ayudar tampoco, pero todo se aglutina y termina así.
Es duro como tecnologías que tanto nos acercan son también utilizadas como formas de tortura psicológica. Aunque me alegra ver que esto ha empezado a concienciar a la gente de que el bullying en los colegios es un problema que no es de este año ni el año pasado. Es algo que lleva asentado en colegios desde hace más de 20 años.
Lo que me parece triste es leer por ahí gente que de repente se ha concienciado, todo por el impacto mediático que ha supuesto que ese niño fuera capaz de escribir una última declaración antes de poner fin a su vida. Aunque tristemente ello servirá para que haya una mayor concienciación me toca un poco la moral que pongáis este como "el ejemplo" cuando llevamos varios años oyendo de casos en los que jóvenes de todas las edades y sexos han sucumbido a la presión, el maltrato físico y psicológico.
De repente todos sois personas muy a favor de la causa, pero por mucho que digáis ahora seguís sin tener ni idea de lo que puede sufrir un niño debido al acoso escolar, mucho menos lo que se podía llegar a sufrir hace años cuando el término de "bullying" ni siquiera existía y no había forma alguna de denunciarlo.
¿Que qué puedo saber yo? Pues es de las pocas veces que puedo proclamarme defensor de algo desde siempre. Pues eso es algo que sufrí durante toda mi infancia. Mientras vosotros recordáis vuestra infancia como una época feliz sin preocupaciones para mi es un cúmulo de recuerdos amargos y tristes en los que las vías de escape a la realidad eran mucho más limitadas que ahora.
¿Los motivos que llevan a una persona a ser blanco de burlas y acoso? Cualquier cosa que te diferencie de los demás, por mínimo que sea ese detalle. Puede ser desde tu ropa, tus gustos, tus aficiones o cualquier aspecto físico que te diferencie de los demás. Si una persona considera que es gracioso reflejar algo sobre ti y a los demás les hace gracia entonces ya eres blanco de ello.
La actitud que algunos llegan a tomar en esas situaciones es muy variada, ahora se lleva mucho más el aspecto macarrilla y violento como precursor del acoso, por lo que muchos optan por esconder la cabeza y evitar resaltar como método de defensa.
En su día yo optaba por cualquier cosa que sirviera para pasar desapercibido, hasta el punto de intentar ser invisible para los demás, pero a veces uno explota y decide optar por la violencia. No es la mejor opción, lo admito, pero a veces no sabes que hacer.
Desafortunadamente nada servía pues cualquier cosa era perfecto para convertirme en el objetivo de los típicos chulos/graciosos de clase. En el momento en el que eres el único chico al que no le gusta el fútbol ya empiezas con tener que estar sólo en los recreos, te tachan de raro por no gustarte lo que a todos y a partir de ahí empiezan las burlas.
Intentas hacer lo que todos por intentar agradar, pero les pareces tan malo que sigues siendo perfecto para reírse de ti. Al final intentas esconderte de los demás, si podía me quedaba los recreos en clase, ya fuera adelantando tarea, leyendo, dibujando, escribiendo. Lo que fuera con tal de no tener que ver a esas personas, aunque por supuesto les seguía pareciendo algo por lo que burlarse.
Todo se acumula, la soledad, la presión social, la falta de ayuda. Parte importante, ya que al ser el blanco de toda burla y mofa nadie quiere ir contigo, ello significaría que se meterían con ellos, así que la soledad es otro aspecto que caracteriza a las personas que sufren esto cada día. Al no tener apoyo sientes que ese sitio al que supuestamente vas a aprender, hacer amigos y que forme parte de tu memoria como un buen recuerdo termina convirtiéndose en el infierno al que vas cada mañana y cada tarde durante 5 días a la semana.
Los profesores no ayudan, su respuesta habitual era siempre "pues aguántate" "si te enfadas no haces más que darles un motivo por el que meterse contigo" y un largo etc de respuestas similares. resulta que la culpa es mía por enfadarme, claro si me humillan y se burlan voy a reírme con ellos también, por lo patético que soy. En fin, mis padres me decían cosas parecidas así que me saltaré ese apartado.
Entre las cosas que tenía que soportar podría enumerar algunas que por desgracia recuerdo:
-Intento de cortarme el brazo con un serrucho de tecnología
-Ser perseguido por personas de clase y 3 años mayores por un juego llamado "balón cabrón", que consistía en intentar darme balonazos con un balón de fútbol. Esto era en 1º de la ESO.
-Ver las caras de suplicio de las personas con las que me ponían para trabajos en grupo.
-Constantes ataques a mi autoestima por motivos de físico.
-Tener que esconderme en las excursiones para evitar ser objetivo de burlas.
-Conseguir que me sacaran al pasillo por no soportar las burlas durante una clase.
Muchos podéis pensar que eso ya pasó, pero dejadme deciros una cosa. Eso no acaba cuando acabas el colegio.
Piensa en las secuelas que todo esto te deja si aguantas eso durante 10 años (Primaria y ESO). Pues obviamente terminas desconfiando de la gente, estás siempre con la guardia alta, piensas que cualquiera puede atacarte en cualquier momento. Te cuesta saber si una broma es en realidad un ataque o no. Tu autoestima ni se tiene en pie. Y si tuviera que decir alguna exclusiva propia sería que cuando viajo me auto margino por costumbre, vaya con quien vaya.
Es cierto que puedo sentirme orgulloso de haber sobrevivido a todo ese infierno, pues eso me conciencio de lo que no se debe permitir en ninguno de los casos. A pesar de ser siempre el objetivo de las burlas jamás me mofé cuando otra persona lo era, sabía lo que se sufría, no se lo iba hacer sufrir a otra persona, aunque luego esa persona si que se metiera conmigo.
En mis años como profesor/educador me alegra haber podido inculcar eso a mis alumnos, sobre todo el haber podido defenderlos en momentos en los que eran atacados. Cuando lo tuve ante mis ojos no dude ni un momento e hice lo que ojalá alguien hubiera hecho por mi en su momento.
Así que dejadme deciros una cosa, me parece bien que os concienciéis, pero recordad que muchas personas han sufrido eso en sus infancias, recordad que para muchas personas la infancia ha sido una época difícil y traumática de su vida y lo más importante, no olvidéis que muchos abandonaron el camino.
Pues nunca nos damos cuenta hasta que es demasiado tarde.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)