¿Por qué apareciste de esa forma tan espontanea? ¿Por qué tuviste que mirarme?
Rojo y azul, larga melena rubia teñida en los rayos del sol. Una sonrisa que a cualquiera derretiría. Había mucha gente aquel día, pero tus ojos se plantaron en mí. No presté tanta atención como pensabas, pues ojo avizor andaba siempre.
Me dedicaste cada sonrisa que tenías, me iluminabas la mañana. Tus abrazos me hacían no querer despegarme de ti. Soñar con un mundo que creía inexistente. Un mundo a tu lado. Donde la soledad no tuviera cabida. Donde sólo estuviéramos tu y yo, inseparables. Unidos por nuestras miradas. Inocentes y llenas de amor. Buscando siempre la mirada del otro.
Recuerdo aquellos días. Buscando tu nombre entre la multitud de compañeros. Buscando la ocasión de poder ver esa sonrisa de nuevo. Esa sonrisa que me hacía sentir que lo demás no existía y que no me importaba lo demás.
La suerte no estuvo conmigo pues pronto te marchaste. Un último abrazo me diste y un hasta la próxima me dijiste. Por dentro sentía que eso fue el final, más no lo quería admitir.
Contrario a lo habitual el destino no quiso que así fuera. Pues acabados los turnos volvimos a vernos. No sabia reaccionar. No sabía hablar. Titubeaba palabras sin sentido, desde unos labios que sólo querían encontrarse con los tuyos. Torpe como siempre el tiempo pasaba, cuanto más te veía menos quería separarme.
Los meses pasaron y no me aclaraba. Pues una noche todo se complicaba. Sus labios y los míos se juntaron. No eran los tuyos, pero siempre los anhelaba. Aún recuerdo aquellos momentos, pues mi primer beso no fue esperado. De aquello no me enorgullezco y siempre me arrepiento, de aquel primer beso quedar tan vacío. En labios de quien siempre fue una amistad su destino sellado.
Pasaron los días y no me aclaraba. Confusión, rabia, frustración y desanimo. Todo lo que ello acarreaba. Era el momento de decidir. Mi corazón lo sabia y para variar mi cabeza coincidía.
Un día lluvioso, como si ayer fuera, martes era. Cualquier excusa sirvió. No me quise esconder y entre temblores toda la verdad te conté. Sincero quise ser, y aunque hoy día me lo reprochas no me arrepiento.
Las palabras fluyeron igual que la lluvia por la ventana de aquel café. En el silencio de una mesa apartada de las demás mis sentimientos declaré. Cuando acabe en silencio te quedaste. Me cogiste de la cabeza y me besaste la frente. No entendía que ocurría, pero si que recuerdo que sin palabra mencionar nuestros labios se fundieron en un beso que aún hoy recuerdo.
El sonido de la lluvia en el exterior era lo único que sonaba, pues yo en otro mundo me encontraba y eso era cuanto importaba.
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