La felicidad es como los sueños de cada noche. Efímera y a veces ni recordamos que lo fuimos. Pero aunque me duela reconocerlo mentiría si dijera que aquellos días no fueron de felicidad.
Dormir a tu lado. Envolvernos en un abrazo plagado de besos hasta quedarnos dormidos. Sin importar el mañana, sólo el tú y yo. Oír tu voz hasta las tantas de la noche. El roce de tu piel con la mía y perdernos en esas caricias de ángeles que por fin se habían reunido en un mundo distinto al suyo.
Sintiendo lo que siempre pensé que era el amor.
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