Cuando estás confuso no entiendes nada de lo que ocurre a tu alrededor. Las personas te parecen diferentes. No disfrutas de lo mismo de la misma manera. Todo lo demás parece carecer de sentido.
Viejos conocidos. Gente extraña. Momentos del pasado que carecían de ser. Entre alcohol y comida las palabras volaban. el tiempo pasaba y yo más vacío me sentía. No era más que un figurante más en la vida de las personas de aquella mesa. Mas no querían que me fuera. La noche seguía. La gente se animaba. Yo no podía. Mucho me costaba, pues no quería que esto siguiera. La noche siguió y la cosa cambio.
Allí estaba ella. Como si nada nos presentaron y aquello fue el comienzo. El comienzo de una noche que nunca supimos que acabaría. Al margen de nuestro alrededor eramos uno sólo. Nos acabábamos de conocer, pero eso no importó. Entre palabras, risas y música todo siguió. Me agarraste de la cintura y me acercaste a ti. No hizo falta más. Con mis brazos te aferré y en un sólo beso nos fundimos. Haciendo desaparecer todo aquel mundanal ruido que nos rodeaba. Solos tú y yo en un mundo que no nos comprendía. Un mundo que nos había dado la espalda.
No dijimos nada. Inmóviles nos quedamos. Desconocíamos lo que nos impulsó a ello. Poco importaba ya. Había ocurrido.
Más no se porqué, me sentía vacío.
Me invadió el deseo y por él me deje llevar.
Más no se porqué me sentía culpable.
Una vulgar excusa busqué y tras darte un beso me marché.
Más no se porqué no quería volver.
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