Escribir nunca fue mi pasión, de hecho, sigue sin serlo. Carezco de talento, de habilidad, de vocabulario, de expresiones, hasta de ortografía.
¿Quién dicta lo que está bien o mal escrito?¿Por qué esa necesidad por analizar cada palabra? Lo que una persona siente no se puede expresar, pues nos faltarían palabras en el diccionario.
Hoy me he dado cuenta de que necesito escribir, que necesito desterrar estas palabras. No quiero tenerlas en mi corazón, ni que mi cabeza las materialice en forma de sueños por la noche.
No quiero comer, no quiero dormir, no quiero despertar. Simplemente quiero vivir. Sentir que puedo vivir. Que cada día no es un día que pasa sino un día que disfrutar. Quiero abrir los ojos por la mañana y sentir que puedo con todo, que tengo la energía y la voluntad para hacerlo.
Cruel realidad, pues no es así.
El tiempo me enseñó muchas cosas. Lecciones valiosas, duras e incluso útiles. Pero la vida es una profesora a la antigua usanza. Sus lecciones se aprenden a base de golpes. No te confíes, pues tiene reglas largas y duras que a cualquiera alcanzan.
Mientras escribo estas palabras lagrimas caen por mis mejillas. Cálidas y llenas de un sentimiento. Sólo quiero que estas lagrimas se conviertan en la tinta que me permitirá iluminar mi camino.
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