Aquella persona que más confianza te daba. A quien más querías. Por quien diste todo tu ser una y otra vez sin pensar en las consecuencias que en ti repercutiera. Quisiste poner un seguro, algo que te garantizará una futura victoria. O igual dejar tu marca de territorio. Un territorio al que se te había vedado la entrada. Pero que quisiste dejar huella de forma que tu ego pudiera aflorar. Incapaz de enfrentarme a ello. Tus espinas habías clavado. Con ellas me habías bloqueado. Impidiéndome el paso a conocerme mejor. A mejorar y crecer.
De las espinas me quise deshacer. Pero me faltaba el empujón. Una motivación. Que me ayudara a ser mejor. Pues sin más no podía aflorar. De formas inesperadas llegaron. No lo hacía tan mal. A la gente parecía agradar. No es que lo saliera a buscar. Pero lo acabe por encontrar.
Perdí la confianza para hacer cosas de poca relevancia. Pero que me permitían ayudar a quienes me importan. Poco a poco todo regresó. No estaba tan mal. Me quisiste engañar. Pero por poco lo pudiste ocultar. Gran parte de mi confianza acaba de regresar. Pero parece que la mejor guardaste para el final.
Existe una última cosa para la cual desconozco si estoy preparado. Tampoco es el momento indicado. Ni la persona adecuada. Desconozco que haré si el momento llega. No me martiriza, pero me incapacita. Pensar que no lo podre volver a hacer.
Quisiste enseñarme a amar. Pero esas lecciones de traumas se quedaron. el estigma clavado. Quisiste ser la única y por ello mi confianza habías menguado. Quizás pienses que has ganado. Pero esa satisfacción no pienso dártela. No importa si pasan años. Si no llega nunca. Nunca me sentiré derrotado. Pues en el momento que la llama prenda, significará que vuelve a latir. Que no quedó helado. Que tu conjuro estaba marchito.
No tengo prisa. Ni siquiera se si ganas tengo. Pero quiero que la indecisión y el miedo que de mi se apoderan cada día, por la puerta se vaya. Para no volver.
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